Blog

Inicio  /  General   /  Y qué pasó con mi rinoceronte?

Pues que lo tengo meditando.

Pero que no me malinterprete nadie, que no lo he mandado a paseo, no, sólo lo tengo meditando. Me encanta la idea y voy a retomarla, pero esta vez algo adaptada a mí y a mi familia. El grito no va a ser mi aliado en la educación de mis hijos.

Es cierto que algunos de mis hijos ante un grito reaccionan y rectifican una mala actitud que están teniendo, pero cuando eso ocurre me doy cuenta de que lo hacen por temor a una regañina y no porque sean consciente de su error.

Pero otras veces es todavía peor, porque otros ante un grito desconectan del todo, generándose ciertos bucles de los que es mejor no hablar.

Los gritos me hacen sentir como si fuera una cría que no sabe controlar su enfado, y se contradice complétamente a lo que con palabras intento explicar cada día a mis hijos.

Si grito, ellos gritan, y ésta no quiero que sea la manera de tratarnos y de solucionar las cosas en casa.

Pero lo peor de todo es que con mis gritos rompo la comunicación con mis hijos, a quienes acabo encontrando mucho más distantes.

Uno de los artículos que han llegado a mis manos (gracias a varias seguidoras) durante este tiempo y que más me han gustado es éste en el que Rachel Macy Stafford explica por qué creó el proyecto Hands Free Mama.

Cuenta Rachel cómo en mitad de su vida agitada se convirtió en una gritona de las que explotan de forma excesiva. Cuenta cómo en realidad lo único que sus hijas hacían era comportarse como niñas, hasta que un día se plantó y pensó por qué tenía que gritar a sus dos niñas si era lo que más quería en su vida. Recapacitando se dio cuenta de que el problema eran las distracciones. Cuando un día su hija mayor tiró un tarro de arroz, esparciendo todos los granos diminutos por la cocina, su niña le miró con ojos llorosos y en ese momento pensó que le tenía miedo. Unas semanas después comenzó su recuperación, creando el proyecto Hands Free,  para evitar las distracciones y aprovechar lo que verdaderamente importa, liberándose de expectativas inalcanzables y presiones sociales. Con mucha menos carga, consiguió reaccionar a los despistes de sus hijas de una manera más calmada, comprensiva y razonable. Es maravilloso y os animo a todos a leer este post que sólo he introducido con un pequeño resumen, en el que la autora desde su experiencia acaba escribiendo que nunca es demasiado tarde para dejar de gritar, que no importa lo que pasó ayer, pues hoy es un nuevo día, que hoy podemos elegir una respuesta pacífica y que con ella podemos enseñar a nuestros hijos a crear puentes de paz.  

Pues lo dicho. Feliz y pacífico jueves!

No hay comentarios

DEJAR UN COMENTARIO

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar