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Inicio  /  General   /  La magia perdida del teléfono fijo

Esta mañana Misegundo Chiquitico me ha preguntado por qué hemos comprado el teléfono fijo que cuelga de la pared de la cocina. Niño, le he explicado, porque hasta que no puedas pagarte un terminal y sus facturas, no vas a poder disfrutar de un teléfono móvil. Bueno, ya sé que será antes, pero yo le digo eso y cuando le cuente que me pensaré si regalarle uno a los 18 años, se llevará el alegrón de su vida,…

Pero esta corta conversación oye, me ha puesto melancólica.

telófono

Un teléfono como éste, decoraba la pared de la cocina de mi casa

Porque recuerdo, que durante mi pre-adolescencia, quedaba con mis amigas del colegio nada más llegar a casa para tener una conversación tipo qué tal? bien, qué tal tú? bien, de qué hablamos? no sé,… que mi hermana mayor cortaba por estar esperando una llamada importante que no me incumbía en absoluto.

Un poco más adelante, fuimos encontrando temas de conversación de gran trascendencia que para que nadie escuchara, había que hacerse un ovillo en la esquina de la cocina, mientras que nuestra madre simulaba preparar la cena y ponía el oído para ver si descifraba alguna palabra,… o al menos eso pensábamos.

Esa época, era aquella en la que cinco amigas cogían 25 pesetas y dentro de una cabina, marcaban el número de teléfono de algún agraciado muchacho. Digame? los ojos de la que cogía el auricular, no sé muy bien cómo, indicaban que era su padre, se puede poner el guapo de su hijo? de parte de quién? (fuera el padre que fuera, nunca se olvidaba de realizar esta pregunta, mientras disfrutaba de lo lindo lo que nosotros no vamos a disfrutar por culpa del avance de la tecnología) de Patricia. Entonces todas las ocupantes de la cabina, miraban a la interlocutora con ojos de por qué Patricia, va a notar algo,… y se ponía el pobre chiquito y la tensión aumentaba hasta tal punto que la que empezó hablando, pasaba el auricular a la de al lado, yendo de mano en mano, hasta que alguna colgaba. Aaaaaaah!! La conversación con el padre, se estiraba durante semanas,…

Un buen día, conocemos a alguien, nada serio,… Y los nervios nos comían esperando toda la tarde a que sonara el teléfono. Intentando no alejarnos demasiado del aparato por si no lo escuchábamos. Esprintando para llegar la primera, si es que sonaba. Cabrearnos porque era para un hermano y decirle a su amigo que estábamos esperando una llamada muy importante y que lo que tuviera que decir lo hiciera más bien rapidito,… Vigilando que nadie lo volviera a coger,… Y cortando a las hermanas pequeñas que en plena preadolescencia colapsaban el teléfono para preguntar a sus amigas, de qué podían hablar,…

Todo vuelve a la calma el día que “empezábamos a salir” y hacíamos en casa una  reserva formal de teléfono para poder hablar con nuestro novio querido en “paz y en “privado”. Se nos acababan las prisas cuando lo escuchábamos sonar y dejábamos de vez en cuando que nuestra madre lo cogiera para que después dijera qué voz más bonita,…

Y yo que tuve la suerte, de tener algún hermano mayor que disfrutaba de mi estado de embobamiento absoluto y dotado de maravillosa maestría para llevarlo al extremo, fueron geniales las risas que nos echamos y los recuerdos tan bonitos que nos quedaron.

Y en eso estaba pensando esta mañana, cuando me he dado cuenta de que mis hijos hablarán con sus móviles en el rincón que más les guste, tendrán amigas que llamarán y colgarán y yo me lo perderé y como no quieran contarme sus amores, no me enteraré!!

Así que niños, hasta los 21 no hay móvil. Que una quiere disfrutar de la magia del teléfono fijo,…

Feliz miércoles!

1 comentario

  • Sara M.hace 3 años

    ¡Qué cierto! Por si te sirve de consuelo, la mía de 14 años acaba de colgar el fijo :))
    No entendía un problema de matemáticas, y la he hecho llamar a una amiga para que se lo explicara (muy triste si, pero es de estadística y no tengo ni idea). Así que, alguna utilidad si le queda… (también te digo que lo más fácil es que alguna amiga mande una foto del ejercicio ya resuelto, se copia, y ya veremos qué hacemos en el examen).

    responder

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