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Inicio  /  Juegos   /  A jugar! Juegos que nunca os enseñaré

Queridos polluelos míos, en esta entrada que nunca os dejaré leer, tenéis una pequeña selección de juegos que hicieron mis delicias siendo niña, pero que nunca, y nunca es nunca, os enseñaré.

1. El hinque.

la foto (10)

Sí, están viendo bien. Para jugar al hinque, necesitábamos un destornillador.

El hinque es un juego otoñal-invernal pues para jugar a él necesitamos que esté la tierra mojada.

Con el destornillador hacíamos un circuito a base de cuadrados al final del cual dibujábamos una raya a un metro de distancia más o menos. El jugador tenía que hincar el destornillador en cada uno de los cuadros avanzando poco a poco. Cuando llegaba al último de ellos, lanzaba (lo juro) el destornillador para hincarlo detrás de la raya. En el mejor de los casos, agujereaba los zapatos de alguno de los espectadores. Después había que hacer el recorrido a la inversa. Cuando el jugador conseguía hincar el destornillador en todos los recuadros, hacía una cruz en uno de ellos marcándolo de este modo como parte de su territorio que nadie podía pisar. Se iban eliminando los jugadores que no eran capaces de avanzar en tres turnos.

Lo cierto es que siempre me pareció un juego maravilloso. No hace demasiados años que entendí por qué jugábamos tan poco a él. Supongo que no era del todo fácil para los niños de entonces hacerse con este tipo de arma blanca y mucho menos exhibirlas en el patio del colegio,…

2. El burro

burro

Uno de los niños era la madre (que amortiguaba el golpe. Muy acertado el nombre, por cierto,…). El resto de los niños se dividían en dos equipos. Uno de ellos se ponían para recibir al otro equipo que saltaba. Cuando todo el equipo estaba encima, uno de ellos decía “churro, media-manga, manga-entera”, señalando mano, antebrazo y brazo y quedándose finalmente con una de las tres posiciones. Si el equipo que estaba soportando el peso acertaba, invertían los puestos, si no acertaban o si no conseguían soportar el peso y se caían, volvían a pagarla.

3. La mula

Os acordáis?

Uno se ponía de mula y el resto en fila iban saltándole,…

– “A la una salta la mula” y salto normal.

– “A las dos, pego la coz” y salto con patada en el culo de parte de todos los participantes a la pobre mula que parecía no importarle.

– “A las tres, Juan, Perico y Andrés”.

– “A las cuatro, brinco y salto”,…

Y así íbamos cantando todas las horas, unas veces sin más molestia para la mula que la de soportar el peso de los participantes, otras acompañados por cariñosas tortas, patadas o pellizcos.

4. Las pacas.

Muy de “los de Entrecaminos” o “de los de Cizur”. Y desde aquí aprovecho para mandar besos y más besos a los descerebrados que jugaron conmigo a este “juego?”.

pacas

Pues verán, donde todo el mundo ve un montón de pacas almacenadas temporalmente en los campos de trigo,después de realizar la cosecha, nosotros siendo niños, vimos un maravilloso mundo por explorar. Sí señores, descubrimos pasillos secretos en ellos e hicimos habitaciones ahuecando los bultos retirando paja manualmente. Construimos un mundo maravilloso ahí dentro, donde llevábamos nuestras pertenencias más preciadas y donde pasábamos buena parte de las calurosas horas del mes de agosto.

Y ahora entiendo muchas cosas. Entiendo que en ocasiones tuviéramos que salir corriendo perseguidos por “algún tractor”. No bromeo. Y que se liara gorda, pero que muy gorda, el día que se enteraron nuestros padres. La reclusión duró varias semanas,… Pero para nosotros, mereció la pena.

Feliz viernes!

Os cuento, que gracias a vosotros, estamos dentro de la clasificación de los premios bitácoras al mejor blog de educación! Mil gracias!

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Para mi es importante. Gracias de nuevo.

 

1 comentario

  • Blancahace 3 años

    Que maravillosa infancia!!!

    responder

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