octubre 2015

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Hoy arranca sindeberes, un proyecto muy ilusionante de María Cañal que surge de su día a día como madre de un niño en edad escolar, de sus frustraciones, conversaciones y dudas, porque los tiempos han cambiado a un ritmo vertiginoso estos últimos años y el sistema educativo, sin embargo ha quedado muy atrás.

Como cuenta María, sindeberes quiere ser un lugar común, un sitio donde poder compartir nuestras alegrías, dudas, miedos, críticas, avances y todo lo demás con respecto a la educación de nuestro hijos.

Aunque durante las vacaciones de verano instagram se llene de fotos maravillosas en la que todo está enfocado, pensado y encuadrado, los que utilizamos esta red social bien sabemos que también está llena de filtros. Y aunque durante el verano que vivimos fuera de las pantallas también nos rodeemos de cosas bonitas, nos quitemos cargas laborales y dediquemos mucho más tiempo a la familia, a pesar de los buenos planes y cambios de aires, a veces también se complican los días. Hace unas semanas, releí en el libro El Cerebro Del Niño un ejercicio para nosotros, los padres, ideal para practicarlo ahora que podemos encontrar algunos momentos de calma. En él, el Dr. D. Siegel, simboliza la mente como una rueda. En el centro, hay un lugar seguro para relajarse y elegir en qué se va a pensar. 

Hace un par de años, mi madre me recibió en Pamplona con un montón de carpetas clasificadoras apiladas cuidadosamente a la entrada de mi habitación. La mayoría de ellas se fueron a la basura directamente, aun sabiendo que dentro se iban tanto amor platónico con forma de recorte de revista. Creo que sólo abrí una de las carpetas y en ella encontré un papel doblado escrito a máquina con 25 preguntas ingeniosas y la calificación posterior en función de la puntuación obtenida. Esa misma tarde, hice el juego a los niños y les encantó.

Últimamente, arreglo todo a golpe de calendarios. El primer cuadro que colgué, fue porque uno de los niños me lo pedía constantemente. Además de ubicarse en el tiempo, necesitaba asegurarse de que no se iba a olvidar de algunas cosas. La necesidad de saber el día en que viven, ya la habíamos vivido con sus hermanos mayores durante sus últimos años de infantil. Entonces hice este calendario perpetuo que hemos usado durante años. La verdad es que es un poco laborioso, pero merece mucho la pena. 

Después de pasarme el trimestre paseando por un túnel oscuro por culpa del trabajo, que siempre se multiplica en estas fechas pero que esta vez ha crecido de forma exponencial. Después de presenciar en mis ratos libres varias fiestas de fin de curso y graduaciones. Después de mis intentos desesperados por que mis hijos comprendieran que todavía no estaban de vacaciones, pese a que los niños no paraban de brotar por todos los rincones del parque, la temporada de piscina había quedado inaugurada hacía semanas y  la temperatura y humedad  sufría un ascenso desenfrenado,... un buen día empecé  a ver una lucecilla ahí, al final del túnel.

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