El pasado verano, ante una de esas típicas sobredosis fraternales tan habituales de esta época estival, senté a mis hijos y les propuse que pensaran en algo para que todos pudiéramos disfrutar de esos días. Otras veces se me habría ocurrido a mi cualquier cosa, pero esta vez me sentía incapaz de inventar nada. Tanto mehahecho y mehadicho, me habían dejado fundida. 

EL PLAN ES MUY SENCILLO, pero ayuda mucho:

La idea es introducir en un tarro, trozos de papel con los nombres de todos los participantes. Entonces, cada uno escoge un papel con un nombre escrito. Después de leerlo, lo guarda y durante 1-2 días,  tiene que portarse especialmente bien con esa persona: proponerle un juego, dejarle “el mejor” sitio de la mesa, ayudarle a terminar una tarea,… Pasado el tiempo estimado, hay que volver a reunirse para intentar averiguar quién le había tocado a cada uno.

Entre las ventajas que encuentro a este juego tan sencillo y fácil de organizar son:

Todos nos predisponemos a recibir favores y no ataques, así como a echar una mano y no a salir en modo combate.

Adoptamos la postura de “que puedo hacer yo” para dejar la de “el de al lado tiene que,…”

Por otro lado, proponiendo a los niños que sean ellos los que ideen el plan, en lugar de nosotros, lograremos que se involucren mucho más en su educación. 

¿Tienes alguna idea para mejorar la convivencia entre hermanos? Me encantaría leerla por aquí!!

Feliz día!